Cuando una startup comienza a despegar, el entusiasmo inicial, la creatividad desbordante y el sentido de comunidad suelen ser sus mayores fortalezas, no obstante, ¿qué pasa cuando el equipo crece, las oficinas se expanden y los ingresos se disparan? Mantener esa chispa emprendedora mientras se escala es uno de los mayores desafíos para los fundadores.
Tarang Amin, CEO de e.l.f. Beauty, compartió sus reflexiones en un artículo reciente de Harvard Business Review, en donde habla acerca de su experiencia sobre cómo preservar la cultura de un emprendimiento sin sacrificar su esencia en el camino hacia el éxito. En un mundo donde el 70% de las startups que logran escalar reportan una pérdida de identidad cultural según un estudio de Deloitte (2023), estas lecciones son más relevantes que nunca.
Amin lideró e.l.f. Beauty desde una pequeña empresa de cosméticos emergente hasta una marca multimillonaria, demostrando que el crecimiento no tiene por qué diluir la cultura que hace única a una startup. Su enfoque se basa en una idea central, la cultura no es un lujo, sino un motor estratégico que impulsa la innovación, la lealtad y la resiliencia. Para lograrlo el implementó las siguientes estrategias prácticas:
Mantener la visión en el centro de todo
El primer pilar para preservar la cultura es asegurarse de que la visión original permanezca viva y relevante. En e.l.f. Beauty, Amin mantuvo el foco en democratizar la belleza con productos accesibles y de calidad, incluso cuando la empresa pasó de un puñado de empleados a cientos. Esto significa que, como emprendedor, debes repetir y reforzar constantemente tu “por qué”, que no es más que esa misión que inspiró el negocio desde el día uno. Por ejemplo, si fundaste una startup de tecnología educativa para cerrar la brecha de aprendizaje en comunidades rurales, cada decisión, desde contrataciones hasta lanzamientos de productos, debe reflejar ese propósito.
Empoderar al equipo como si aún fueran cinco
En los primeros días de una startup, todos llevan varios sombreros y toman decisiones rápidas. Amin destaca que mantener esa agilidad es clave, incluso con equipos más grandes, en e.l.f., fomenta una mentalidad de “dueños” donde los empleados tienen autonomía para innovar, sin importar su nivel. Imagina una empresa de comercio electrónico que crece de 5 a 50 personas, en lugar de centralizar las decisiones en un puñado de gerentes, podrías crear pequeños equipos autónomos para resolver problemas como lo hacían en los días de garaje. Esto no solo preserva la dinámica emprendedora, sino que también evita que la burocracia ahogue la creatividad.
Escuchar obsesivamente a los clientes
La cultura de una startup suele estar moldeada por su conexión directa con los clientes, por tal motivo, él enfatiza que este vínculo no debe perderse al crecer. En e.l.f., siguen priorizando la retroalimentación de los consumidores para guiar sus productos, algo que los mantuvo relevantes mientras escalaban. Para un emprendedor, esto podría traducirse en mantener canales abiertos, como encuestas rápidas o redes sociales y actuar sobre lo que escuchas. Por ejemplo, una marca de ropa sostenible podría ajustar sus diseños basándose en comentarios de Instagram, recordando a todos en la empresa que el cliente sigue siendo el corazón del negocio.
Celebrar los valores, no solo los logros
A medida que una startup crece, es fácil enfocarse en métricas como ingresos o usuarios adquiridos, pero Amin sugiere que la cultura se fortalece celebrando los valores que definen a la empresa. En e.l.f., reconocen a quienes encarnan su espíritu colaborativo o su pasión por la inclusión, no solo a los que cierran grandes acuerdos. Si tu emprendimiento valora la transparencia, por ejemplo, podrías destacar a un empleado que compartió una idea arriesgada en una reunión, incluso si no resultó en un éxito inmediato.
Adaptarse sin traicionar la esencia
El crecimiento exige cambios, pero no todos son iguales, por los que Amin recomienda evolucionar los procesos sin abandonar lo que hace especial a la startup. En e.l.f., modernizaron operaciones manteniendo un ambiente de trabajo divertido y humano, como reuniones improvisadas que recuerdan sus raíces. Para un fundador, esto podría significar adoptar herramientas de gestión sofisticadas, pero sin perder rituales como las sesiones de brainstorming caóticas que definieron los inicios. Se trata de equilibrar profesionalización con autenticidad.
Mirar hacia adelante juntos
Finalmente, Amin subraya la importancia de alinear al equipo hacia un futuro compartido. En e.l.f., involucran a todos en la planificación estratégica, haciendo que el crecimiento sea un proyecto colectivo. Por ejemplo, para una startup de software, esto podría implicar talleres donde el equipo imagine cómo su producto impactará al mundo en cinco años. Cuando todos se sienten parte del destino, la cultura no solo sobrevive, sino que se renueva.
Escalar una startup es como estirar una banda elástica, si lo haces con cuidado, conserva su forma; si no, se rompe. Las lecciones de Tarang Amin nos muestran que mantener la cultura no es un lujo secundario, sino una estrategia para prosperar.
Así que no dejes que el crecimiento te robe el alma de tu startup, toma nota de estas ideas, adáptalas a tu realidad y construye una empresa que no solo sea grande, sino inolvidable. Como dice Amin, el éxito no está solo en los números, sino en la huella que dejas. ¿Estás listo para crecer sin perderte?

